miércoles, 27 de julio de 2016

El peligro no son algunos musulmanes, el peligro son todos los musulmanes…



Pese a que el problema ya es percibido con honda intensidad de realidad y preocupación por todos los europeos, dándose el caso que muchos han rectificado en sus valoraciones buenistas, todavía siguen conviviendo en el discurso político tics totalmente inaceptables como que “los atentados de los musulmanes son un ataque a todos los demócratas” cuando en realidad son un ataque contra todos los europeos, seamos o no demócratas liberales. Con todo, una cosa es cierta, ahora la realidad se ha impuesto, o mejor dicho, nos la han impuesto, y ya nadie habla de “hacer concesiones”. Es decir, que ya ni siquiera la izquierda habla de hacer concesiones a los musulmanes, sino de mantener los valores y principios democráticos mientras esperamos la siguiente matanza. Algo hemos avanzado.  
    Hay que dar un paso más, y Dios quiera que no tengamos que darnos cuenta de ello tras un atentado monstruoso. Europa debe saber que lo que está en juego es su propia existencia física, porque los musulmanes avanzan por nuestro suelo sin control como parte del programa del Nuevo Orden Internacional que se intenta imponer, determinado por Maastrique como gran proyecto de la Masonería, enemiga del orden occidental cristiano. De lo que se infiere que el mundo musulmán debe hacer reflexionar a Occidente, sobre todo, porque tenemos a miles de sus hijos en nuestras naciones, cuyo peligro nos obliga a articular golpes de emergencia a nuestra legitimidad constitucional, una situación que coarta nuestras libertades de expresión y movimiento, abiertamente ilegales, que se han convertido en una parte de nuestro repertorio de legitimidad. Ojo, porque puede imponerse una narrativa enfocada a una resistencia activa que ensalce la idea de insurgencia urbana.
    De ahí que sobren las manifestaciones buenistas, vengan de donde vengan, vengan del mismo Vaticano dictadas por un Papa de bajísimo perfil intelectual y teológico, cuyo discurso, y en su justa medida no ha dudado en cuestionar el ministro del Interior polaco con motivo de las medidas de seguridad que ha tenido que imponer Polonia en previsión de ataques terroristas musulmanes en la Jornada Mundial de la Juventud, sobre todo tras la detención de un refugiado iraquí con material explosivo: “La actual amenaza terrorista es resultado de décadas de la política de inmigración, de la política del multiculturalismo y de aceptar durante años a inmigrantes de Oriente Medio y del norte de África que no se integran en las sociedades de Europa”.  
    Estamos ante un peligro real que nadie oculta y que podemos apreciar en toda dimensión en las respuestas que da Jesús M. Pérez, analista de Seguridad y Defensa, en la entrevista que le hace La Razón con fecha 20 de julio de 2016:
    ¿Existe alguna manera de cuantificar a los “lobos solitarios” en suelo europeo? No. ¿El aumento de los ataques en Europa podría responder a una orden concreta de líderes yihadistas? Ya en 1996, Obama Bin Laden decía que era deber de todo musulmán matar a estadounidenses y ciudadanos de sus países aliados. ¿Cómo puede Europa prevenir este tipo de ataques? Posiblemente veremos un cambio en la respuesta policial. 
    A nivel mundial fue Samuel Phillips Huntington (1927 – 2008), politólogo y profesor, quien dio la voz de alarma en 1996, y como suele pasar cuando alguien pone el dedo en la llaga, se armó un gran revuelo. Sobre todo, porque el problema que se empezaba a vislumbrar todavía no era percibido como peligro por la ciudadanía occidental. Con todo, su análisis era certero: “Vivimos en un mundo compuesto por múltiples civilizaciones en conflicto”. Siendo así que su crítica al comportamiento de los ciudadanos occidentales era oportuna: “hipócritas ocasionales y centrados en sí mismos”. Y su advertencia clarividente: “las naciones occidentales podrían perder su predominancia si fallan en reconocer la naturaleza de esta tensión latente”. Así, en “Choque de civilizaciones y reconfiguración del orden mundial, articula su teoría sobre la necesidad que los estados-nación europeos tendrán en el siglo XXI de regular sus políticas “en torno al concepto de civilización”, si es que quieren tener futuro. Habla, pues, del concepto de identidad étnica y cultural que la globalización amenaza. Que fue por lo que la izquierda norteamericana y la europea, aparte de calificarle de “fascista”, se le echó encima con el único argumento de usar mal lo datos de ese impacto aglutinador.
    De ahí que la cuestión estribe en plantearnos, y tener muy presente, que el peligro es la fe musulmana compendiada en el Corán, sobre todo cuando entra en contacto con el mundo occidental. Una fe que es fideista en materia teológica y en su ética frente a la razón, siendo así que las prescripciones y prohibiciones divinas son sus fuentes de Derecho. Lo que ocasiona enormes dificultades para dialogar. Que es la primera y fundamental cuestión que Occidente debería contemplar, y tener en cuenta. Sin descartar poner de manifiesto la estupidez de la izquierda que ha perdido toda credibilidad de mejorar el mundo, y que lo único que les queda es el furor beligerante contra la fe cristiana, fundamentalmente católica, tratando de establecer comparaciones imposibles desde el sentido común. Argumento que contesta Fernando García de Cortázar (Tercera de ABC de 21 de abril de 2015) en estos términos: “Establecer similitudes esenciales entre el islamismo de nuestro tiempo y ese imaginario catolicismo medieval es algo mucho peor que una falsificación. Es poner a un mismo nivel la resistencia del radicalismo islámico a la modernidad del siglo XXI y las posiciones del cristianismo que se movía en el mundo anterior al Renacimiento”. Declaraciones que en algún sentido también contradecían lo que Francisco, Papa, viene diciendo de la radicalidad del cristianismo en épocas pasadas, en sus constantes visitas a mezquitas de todo el mundo. 
    Europa debe retomar y expresar su impulso civilizador, porque lo que verdaderamente está en juego es su propia existencia. Debe recobrar su identidad cristiana y aparcar las utopías para volver a la senda que es necesario recordar, la senda de los grandes combates a favor de una civilización asentada en el Derecho Natural: Hay que enmendar el concepto de libertad religiosa que impone el liberalismo en nuestras sociedades europeas sobre la base de tolerar absolutamente todo y no enfrentarse a nada. Hay que arrumbar la pretensión de dictar una moral pública laica obligatoria. Eso nos ayudaría a comprender la matriz cultural de donde florecieron nuestros países.  
    De ahí, por tanto, la necesidad de rearmarse porque las normas jurídicas vigentes no nos permiten hacer frente a la situación de peligro en la que nos encontramos, y no podemos permitirnos retrasar por más tiempo nuestra respuesta. Sobre todo, cuando frente a nuestra falta de respuesta real el Estado Islámico sostiene un discurso atractivo para el musulmán, cuya maquinaria propagandística combina la conquista de la tierra invadida por los infieles; la brutalidad de sus huestes como control a la amenaza cristiana, y el victimismo como forma de ensalzar el sufrimiento y el martirio que llevan al paraíso de Alá. Discurso que algunos quieren contrarrestar con programas para frenar las ideas del wahabismo saudí, que es la corriente islámica más peligrosa, pese a las buenísima relaciones que el mundo occidental mantiene con el Reino de Arabia Saudí, un reino sátrapa.     
    Hay que atreverse a decir que el musulmán que convive pacíficamente en nuestras sociedades europeas es “religiosamente tibio”, como nos dice José María Sandoval en su excelente trabajo “De los males del islam” (Revista Arbil, número 118, vía Internet). Un tibio que, como comprobamos a diario, siempre está a un instante de radicalizarse y hacerse terrorista como nos lo revela un reciente estudio hecho en Inglaterra, que advierte que “el treinta por ciento de los estudiantes mahometanos británicos (inmigrantes de segunda generación) consideraba justificado asesinar en nombre del islam”. Siendo así que no podemos estructurar el peligro en relatos individuales que terminan en resonancia fúnebres, mientras esperamos el siguiente atentado organizado en los suburbios de nuestras ciudades donde se predica a Alá. Pues de lo contrario las sociedades europeas terminaran confiando el futuro a dictadores y gritando… ¡Vivan las cadenas!
    Por eso el peligro no son los radicales musulmanes, sino todos los musulmanes, porque todos ellos pueden radicalizar, no importando tanto las razones en la que sustente esa radicalización, que pueden ser múltiples. Que es el protocolo con el que trabajan los servicios de inteligencia y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Europa, que tienen a todos ellos en su punto de mira. Cuestión que obliga, repito, a plantearnos las relaciones con países como Arabia Saudita, Qatar o Pakistán, los tres aliados de EEUU y de la Unión Europea, verdaderos estados sátrapas y países exportadores del yihadismo.
    De esta forma convengo en afirmar tres cosas. Primera. Que el peligro no son algunos, sino todos los musulmanes. Segunda. Que hay que comprender que una civilización que se mundializa de la forma en que lo ha hecho Europa está condenada a ser aniquilada por sus enemigos. Tercera. Que si  amamos nuestra cultura y nuestra forma de vida tenemos que tomar conciencia de nuestra identidad social, religiosa y étnica, y no preocuparnos tanto por la integración de estas gentes como por su inmediata expulsión, y por procedimiento de urgencia.
    Por último permítaseme hacer una pregunta… ¿Qué colaboración proporcionan a Europa los musulmanes buenos que supuestamente también sufren el terrorismo de sus hermanos musulmanes “malos”? Ninguna. No se les oye. Ocultan la tragedia y no dicen nada.  

lunes, 21 de mayo de 2012

Consideraciones de un faccioso

 El problema de España han sido siempre sus dinastías, que además han sido extranjeras. Para ser rey ha servido cualquiera, como ahora ocurre para ser princesa de Asturias. Entre nuestros soberanos tenemos al tal Pepe Botella, que también lo fue, y a mucha honra para quienes le sostuvieron. Con todo, las naciones no deben estar en función de las dinastías, sino ellas en función de las naciones. Que no es lo mismo. En España se han cometido tantas tropelías en los últimos treinta y seis años, que Dios quiera que en el futuro próximo la justicia no se haga tirando a un millón de españoles a los cerdos o, más explícitamente, con las sogas de nuestros desvanes y los árboles de nuestras praderas. Considero que hay dos evidencias palpables del bajísimo nivel político de España: La primera, que no hay una fuerza política, ya no de extrema derecha sino de derechas, capaz de aglutinar toda la contestación crítica al sistema. Y la segunda, que tampoco existe un discurso republicano como no sea el que sostiene la algarada marxista de analfabetos y delincuentes. Por contra, las dos opciones la capitalizó hace mucho tiempo la misma persona en España, Blas  Piñar. Después de él todo ha sido diluvio. Pero no pasa nada. Nos queda el consuelo de organiza una manifestación para que ni el Fútbol Club Barcelona ni el Athetic Club de Bilbao ganen la Copa. Para reivindicar España no hace falta hacerlo reivindicando al Real Madrid, que es lo que parece por todos los indicios. España se hunde. Lo sabemos bien quienes conocemos la historia de Roma, el Imperio que hizo el mundo a imagen de la civitas. Es preciso empezar a considerar que lo único importante es salvarse, porque quien se salva lo ha aprendido todo. Terminar nuestros días con esa sensación de placidez de que todo pasa, como pasó nuestra infancia. La verdadera patria del hombre. Al final sólo Dios basta. Que sigan los demás con sus festines. Allá cada cual, y cada uno a lo suyo. Repito, cuando todo se precipita, se derrumbe y se pierde, lo importante es salvarse.      

domingo, 20 de mayo de 2012

Alberto Boadella, un soplapollas en la corte

 No es que este soplapollas de nacimiento, voz afeminada y cara de memo nos descubra nada. Ni mucho menos: "Amo la vida burguesa que de joven odié por envidia" (ABC, 13 de mayo de 2012). Lo sabemos desde siempre... Se era antifranquista antes y se es socialista ahora por tres razones: porque se es un joven alocado, inculto o de clase baja. Boadella fue antifranquista y rojo. Pero como además este majadero es un soplapollas, en vez de callarse, el mismo se retrata en su osada vida de ahora. La vida que le han regalado los del PP, tan faltos de pensamiento y testosterona. Con todo, este soplapollas de Boadella les descubre algo que ellos son incapaces de ver, que es el propio sistema de la partidocracia el que posibilita que gentes como lo fue él puedan decidir con su voto en la misma proporción que cualquier persona formada y moralmente constituida. Que es la gran perversión del sistema. La gran estafa contra España.
    Esto se derrumba y las ratas como Boadella son las primeras en abandonar el barco. Si al final volvemos a levantar España, cosa que veo difícil, antes de poner la primera piedra del nuevo edificio será de obligado cumplimiento dar, como mínimo, un par de patadas en la boca a soplapollas como Alberto Boadella que tanto daño se les ha permitido hacer.

jueves, 17 de mayo de 2012

La familia del Rey, ni como ejemplo

 Una de las características más apreciada, valor diría, de la Presidencia de Estados Unidos es ser referente familiar de la sociedad norteamericana. Así, el Presidente de EEUU (que tiene que estar debidamente casado), su esposa y sus hijos son el espejo en el que se mira el resto de las familias. Lo que sin duda constituye un elemento fundamental de anclaje y cohesión con la herencia cristiana recibida.
    ¿Cuánto de todo esto hay en la familia del Rey?
    No sólo el Rey, a cuya amante según parece pasea por todo el mundo, mientras no se recata en actitudes y desplantes manifiestamente groseros hacia la Reina, su esposa, pese a que sí tenga un comportamiento exquisitamente escrupuloso hacia los ateos, agnósticos y furiosamente anticatólicos al no tener a bien comulgar por no herir sus susceptibilidades.
    O el Príncipe, tan preparado y con tan altas miras en bien de la nación, que no dudó en casarse con una divorciada con varias relaciones sentimentales en su haber (la futura Reina sí tendrá pasado, y un pasado suficiente), agnóstica (si no declaradamente anticatólica), republicana-socialista y de clase baja.
    Ni las Infantas. La una divorciada. Y la otra incapaz de frenar las ansías de fortuna de su esposo, Ignacio Urdangarín, el hijo de un militante del PNV, con todas las enormes y graves connotaciones que el llamado "nacionalismo vasco democrático" tiene contra España y en favor de ETA.
    Así las cosas, y porque las dinastías tienen que estar al servicio de las naciones y no al contrario, no siendo posible la Monarquía que quiso Franco, me decanto por la República Nacional al servicio de la Unidad, Grandeza y Libertad de España.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Carta pública a Martín Prieto

 Le sigo desde cuando era socialista, íntimo de su compadre Felipe González y cuando le pedía a Guerra que "diese caña a la derecha", que para usted era todo lo que se movía fuera de su espectro ideológico. Le recuerdo desde cuando toda España pensó que había sido secuestrado por ETA y resulta que estaba con una rubia teñida en una de las habitaciones del hotel Embajada, que es por cierto donde se aloja ETA cada vez que alguno de ellos viene a declarar a la Audiencia Nacional. Y le comprendo desde que rectificó y se codea cuan Rasputín en la corte del Rey, aunque usted, me consta por su fisonomía, no gaste el miembro del moscovita.... Qué se lo pregunten a la rubia teñida del Embajada.
    Pero lo que no le puedo admitir es que para contentar a su amo haga una diferencia entre los delincuentes del 15-M y su amigo Enrique Curiel. Señor Martín Prieto, usted no sabe porqué algunos cabecillas de la algarada del 15-M llevan más años de los debidos haciendo la carrera, entre otras cosas porque no sabe la vida de estas personas. De cualquier forma seguro que serán muchos menos de los que usted y su amigo Curiel estuvieron en el comunismo.

martes, 15 de mayo de 2012

Cumplir la ley, tirar a matar y expulsar a los "verificadores

 Aunque resulte cansino tenemos que seguir insistiendo en la misma cantinela. Da igual las veces que lo hagamos. Supongo que alguna vez alguien distinto a nuestros círculos lo leerá y a lo mejor cambia. Esa es nuestra esperanza.
    Lo hemos dicho siempre: la banda marxista-terrorista ETA nunca desaparecerá, al menos hasta haber logrado su objetivo, la independencia de Vascongadas y la anexión de Navarra al País Vasco. Por eso se entiende que la banda continúe reclutando terroristas en pleno proceso de negociación con el Reino de España. Una negociación que de momento contempla el perdón a todos los terroristas presos y huidos, que es el punto de inflexión a partir del cual el mundo abertzale se pondrá manos a la obra para construir la "nación vasca". Un punto de inflexión que si para ETA es innegociable, para el Reino de España es un embolado de difícil solución que volvería a saltarse el Estado de Derecho y la opinión de la AVT.  
    Desde mi punto de vista hay tres soluciones: Hacer cumplir la ley (Ley Parot). Ordenar a la Guardia Civil que tire a matar. Expulsar de España a la gentuza de los "verificadores".

domingo, 13 de mayo de 2012


Qué cojones sabe Caritas
El sistema económico se tambalea  y nos precipita a una crisis humana y social sin precedentes. Entretenidos en el discurso entre Estado del Bienestar y el crecimiento, la situación se derrumba. La crisis perfila un modelo distinto al que hemos conocido y las instituciones internacionales de Europa se muestran perplejas y dubitativas sin saber qué hacer. El desconcierto ha llegado a las clases medias, que sostienen al Estado y todo lo demás. Brota el descontento por doquier y las facciones se multiplican. El coste social debe disminuir para ser competitivos. En esa estamos. La democracia corre peligro en muchos países europeos y la depresión es ya la moneda de cambio más usada del trueque ante la perspectiva de perder el trabajo o no lograr entrar siquiera en el mercado laboral. Sobran estudiantes universitarios, técnicos, obreros y campesinos. Sobran sobre todo inmigrantes. Todos los inmigrantes. El edificio se tambalea. Uno de los datos que nos proporciona la crisis es alarmante, el 27% de los inmigrantes ilegales o en situación irregular en España (aunque muchos puedan alegar suficiente arraigo) cobran una pensión en su país.

    ¿Qué cojones sabe Caritas de la legión de extranjeros a los que da de comer y paga la luz, el agua y el alquiler de la casa?

    Sólo espero que cuando la situación termine por descomponerse no se creen sentimientos de animadversión contra la iglesia Católica por no haber tenido suficiente sensibilidad nacional... De cualquier forma la caridad bien entendida empieza por uno mismo. Es el Derecho.