jueves, 17 de mayo de 2012

La familia del Rey, ni como ejemplo

 Una de las características más apreciada, valor diría, de la Presidencia de Estados Unidos es ser referente familiar de la sociedad norteamericana. Así, el Presidente de EEUU (que tiene que estar debidamente casado), su esposa y sus hijos son el espejo en el que se mira el resto de las familias. Lo que sin duda constituye un elemento fundamental de anclaje y cohesión con la herencia cristiana recibida.
    ¿Cuánto de todo esto hay en la familia del Rey?
    No sólo el Rey, a cuya amante según parece pasea por todo el mundo, mientras no se recata en actitudes y desplantes manifiestamente groseros hacia la Reina, su esposa, pese a que sí tenga un comportamiento exquisitamente escrupuloso hacia los ateos, agnósticos y furiosamente anticatólicos al no tener a bien comulgar por no herir sus susceptibilidades.
    O el Príncipe, tan preparado y con tan altas miras en bien de la nación, que no dudó en casarse con una divorciada con varias relaciones sentimentales en su haber (la futura Reina sí tendrá pasado, y un pasado suficiente), agnóstica (si no declaradamente anticatólica), republicana-socialista y de clase baja.
    Ni las Infantas. La una divorciada. Y la otra incapaz de frenar las ansías de fortuna de su esposo, Ignacio Urdangarín, el hijo de un militante del PNV, con todas las enormes y graves connotaciones que el llamado "nacionalismo vasco democrático" tiene contra España y en favor de ETA.
    Así las cosas, y porque las dinastías tienen que estar al servicio de las naciones y no al contrario, no siendo posible la Monarquía que quiso Franco, me decanto por la República Nacional al servicio de la Unidad, Grandeza y Libertad de España.

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