lunes, 21 de mayo de 2012

Consideraciones de un faccioso

 El problema de España han sido siempre sus dinastías, que además han sido extranjeras. Para ser rey ha servido cualquiera, como ahora ocurre para ser princesa de Asturias. Entre nuestros soberanos tenemos al tal Pepe Botella, que también lo fue, y a mucha honra para quienes le sostuvieron. Con todo, las naciones no deben estar en función de las dinastías, sino ellas en función de las naciones. Que no es lo mismo. En España se han cometido tantas tropelías en los últimos treinta y seis años, que Dios quiera que en el futuro próximo la justicia no se haga tirando a un millón de españoles a los cerdos o, más explícitamente, con las sogas de nuestros desvanes y los árboles de nuestras praderas. Considero que hay dos evidencias palpables del bajísimo nivel político de España: La primera, que no hay una fuerza política, ya no de extrema derecha sino de derechas, capaz de aglutinar toda la contestación crítica al sistema. Y la segunda, que tampoco existe un discurso republicano como no sea el que sostiene la algarada marxista de analfabetos y delincuentes. Por contra, las dos opciones la capitalizó hace mucho tiempo la misma persona en España, Blas  Piñar. Después de él todo ha sido diluvio. Pero no pasa nada. Nos queda el consuelo de organiza una manifestación para que ni el Fútbol Club Barcelona ni el Athetic Club de Bilbao ganen la Copa. Para reivindicar España no hace falta hacerlo reivindicando al Real Madrid, que es lo que parece por todos los indicios. España se hunde. Lo sabemos bien quienes conocemos la historia de Roma, el Imperio que hizo el mundo a imagen de la civitas. Es preciso empezar a considerar que lo único importante es salvarse, porque quien se salva lo ha aprendido todo. Terminar nuestros días con esa sensación de placidez de que todo pasa, como pasó nuestra infancia. La verdadera patria del hombre. Al final sólo Dios basta. Que sigan los demás con sus festines. Allá cada cual, y cada uno a lo suyo. Repito, cuando todo se precipita, se derrumbe y se pierde, lo importante es salvarse.      

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