Consideraciones
de un faccioso
El
problema de España han sido siempre sus dinastías, que además han sido
extranjeras. Para ser rey ha servido cualquiera, como ahora ocurre para ser
princesa de Asturias. Entre nuestros soberanos tenemos al tal Pepe Botella, que
también lo fue, y a mucha honra para quienes le sostuvieron. Con todo, las
naciones no deben estar en función de las dinastías, sino ellas en función de
las naciones. Que no es lo mismo. En España se han cometido tantas tropelías en
los últimos treinta y seis años, que Dios quiera que en el futuro próximo la
justicia no se haga tirando a un millón de españoles a los cerdos o, más
explícitamente, con las sogas de nuestros desvanes y los árboles de nuestras
praderas. Considero que hay dos evidencias palpables del bajísimo nivel
político de España: La primera, que no hay una fuerza política, ya no de
extrema derecha sino de derechas, capaz de aglutinar toda la contestación
crítica al sistema. Y la segunda, que tampoco existe un discurso republicano
como no sea el que sostiene la algarada marxista de analfabetos y delincuentes.
Por contra, las dos opciones la capitalizó hace mucho tiempo la misma persona
en España, Blas Piñar. Después de él
todo ha sido diluvio. Pero no pasa nada. Nos queda el consuelo de organiza una
manifestación para que ni el Fútbol Club Barcelona ni el Athetic Club de Bilbao
ganen la Copa. Para reivindicar España no hace falta hacerlo reivindicando al
Real Madrid, que es lo que parece por todos los indicios. España se hunde. Lo
sabemos bien quienes conocemos la historia de Roma, el Imperio que hizo el
mundo a imagen de la civitas. Es
preciso empezar a considerar que lo único importante es salvarse, porque quien se
salva lo ha aprendido todo. Terminar nuestros días con esa sensación de
placidez de que todo pasa, como pasó nuestra infancia. La verdadera patria del
hombre. Al final sólo Dios basta. Que sigan los demás con sus festines. Allá
cada cual, y cada uno a lo suyo. Repito, cuando todo se precipita, se derrumbe
y se pierde, lo importante es salvarse.
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