viernes, 27 de abril de 2012


Crisis económica e inmigración
¡España, primero para los españoles!

 España es según el último Informe de Exclusión y Desarrollo Social presentado por Caritas el país de la UE donde más ha aumentado el paro, con una tasa de desempleo por encima incluso de la de Grecia, y donde más han aumentado las diferencias entre ricos y pobres de 2006 a 2010, lo que nos sitúa ya como el país europeo con mayor tasa de pobreza, sólo superada por Rumanía y Letonia. De esta forma el porcentaje de hogares españoles que están por debajo del umbral de la pobreza es del 22% y un tercio los que tienen "dificultades serías" para llegar a fin de mes. Datos que tienden seguir aumentando por cuanto la desigualdad y la brecha salarial amenaza seguir escalando cifras de superávit como consecuencia del factor inmigratorio (oferta y demanda), absolutamente desbordado.
    Tenemos una situación muy difícil. Con todo, es posible superarla pero exige la expulsión inmediata y por procedimiento de urgencia de la extranjería que impide la superación de la situación. La incógnita es saber si las fuerzas políticas serán capaces de tomar la decisión y frenar de esta forma el impulso de los españoles por conseguir superar la pobreza.
    Estamos inmersos en una crisis endémica, profunda y pertinaz creada por el capitalismo en su última fase de expansión, la globalización. Una crisis de la que no saldremos en muchos años. El desempleo sigue aumentando, en enero ha subido un 7,8%, situando el número total de desempleados en 5.200.000 personas. Un desempleo que afecta directamente a la viabilidad del sistema de pensiones por cuanto la afiliación a la Seguridad Social ha descendido del umbral de los 17 millones que se estableció como garantía de sostenimiento del mismo. Mientras tanto, todas las previsiones económicas prevén para este año una desaparición de otro medio millón de puestos de trabajo como consecuencia del decrecimiento de la producción, lo que hará que entremos oficialmente en recesión. Una situación que si no se corrige dará como resultado una depresión económica.
    Y por si la situación no fuera mala, tenemos una economía sumergida del orden del 20% de nuestro PIB, en cálculos aproximados 200.000 millones de euros anuales, que lastra nuestra recuperación porque supone un despilfarro de recursos necesarios para la Hacienda Pública. Una economía que se nutre mayoritariamente de una mano de obra extranjera, ilegal o en situación irregular, en los sectores servicios y agropecuario.
    Con una crisis económica que aboca al paro y a la miseria a millones de españoles, jóvenes y personas de determinada edad, que se ven necesitados de acudir a los servicios sociales, resulta inconcebible que no se tomen medidas respecto a la inmigración en general y a la irregular en particular. Y todavía es más inconcebible que el número de residentes extranjeros haya aumentado desde 2011 en 457.650 personas, según registro de  entrada. 
    Entonces, ¿por qué esa insistencia en las medidas de ajuste y en las reformas estructurales que acabarán definitivamente con el llamado Estado del Bienestar y ningún argumento respecto a la inmigración que nos desborda?
    Entre otras cosas, porque a consecuencia de la crisis vendrá, como ya observamos, un aumento espectacular de la violencia social, íntimamente asociada a la inmigración. De ahí la imperiosa necesidad de abordar esta cuestión desbordada y desbordante, a la par de tomar medidas urgentes. Empezando por la expulsión con carácter de urgencia de todos los miles de ilegales o en situación irregularidad que se encuentran en nuestro país, muchos de ellos con varias órdenes de expulsión, cuyo número se cifra en torno al 1.600.000 personas. Como a los que se encuentran cumpliendo condena en nuestras cárceles (cuya población penitenciario es abrumadoramente mayoritaria extranjera) y a los que partir de ahora delincan. Sin descartar a los que nos vayan sobrando.
    ¿Resistiremos los españoles una inmigración compitiendo por el escaso empleo y a merced del gasto social?
    Se olvida que hay un punto de postración social en el que la resignación cede su sitio a la furia, y en ese momento ya es tarde para los discursos. Por eso hay que aprovechar el tiempo y a partir de ahí tomar soluciones. Soluciones con un lema sencillo.... ¡España, primero para los españoles! 

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