Me
voy, tengo que hacerle la cena a mi marido...
El hombre de hoy se desconoce
a sí mismo. De ahí la multitud de opiniones y concepciones erróneas que sobre
la naturaleza del ser humano existen, dándose por validas todas, aunque no
tengan el más mínimo fundamento científico, psicológico, antropológico o filosófico.
Es igual, todos pueden decir y opinar, y si son mayoría hasta legislar.
De todos es sabido que la aceptación e
implantación definitiva de muchos descubrimientos no se ha conseguido sino
venciendo grandes resistencias científicas y sociales. Que es, paradojas de
nuestro tiempo, el momento en que nos encontramos respecto a la homosexualidad
y otras perturbaciones sexuales, cada vez más aceptadas en nuestras sociedades
desestructuradas moral y culturalmente.
Con todo, respecto a la homosexualidad la
cuestión está muy clara en el campo de la psicología, una ciencia que tiene la
ventaja que por llegar tarde a estructurarse como campo científico, separada de
la filosofía, nos aporta suficientes resultados empíricos.
¿Qué dice la psicología de la homosexualidad?
Pues, frente a la posición científica que
consideraba la homosexualidad una consecuencia del carácter heredado, hoy la posición
científica mayoritaria es la de dar mayor importancia a factores externos como
se demuestra de los estudios que se han venido haciendo, sobre todo en la
adolescencia y en los primeros años de vida de la persona, donde se están
constituyendo las bases de la identificación con la figura masculina o femenina
en la edad conflictiva del llamado "complejo de Edipo". De ahí lo
aberrante y monstruoso que es consentir que estas personas puedan adoptar niños.
Por eso, por mucho que diga, incluso con el
dedo índice en alto, monseñor Martínez Camino, el mismo que defiende a nuestro
Señor Cristo como un "bien cultural" de Europa, la razón la sustenta monseñor
Reig Pla, por cuanto la evolución de la personalidad en la etapa de la niñez y
de la juventud es fundamental para la personalidad del adulto.
De cualquier forma y dando un salto a la
cuestión, lo que realmente resulta grotesco y esperpéntico es que un tío pueda
decir, como se ha dicho: "Me voy que tengo que hacerle la cena a mi
marido".
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