jueves, 26 de abril de 2012

Qué o quiénes y por qué se humilló al Rey

  Admitámoslo de una vez aunque lo hiciera Franco, la Monarquía fue una acertada decisión. Una acertada decisión que a la postre han reconocido todos para un país grosero, cainita e irresponsable, despreciable éticamente, con un bajísimo concepto de sí mismo y nula memoria histórica... ¿Quién da más? Pues algunos creían que los falangistas, que se liaron a procrear hijos socialistas y tuvieron serias reticencias en admitir al Borbón porque nunca comprendieron a José Antonio, Marqués de Estella hasta su muerte. Siempre fuimos un país de analfabetos profundos que ni Franco pudo enmendar.
    Hoy las reticencias las tienen los comunistas, que como les pasaba a los otros también creen en la revolución pendiente, aunque éstos sin otra razón que la lucha de clases, pura y simple envidia. Se comprueba cuando prosperan. Fue gracias a Franco y luego a los socialistas a quienes el Rey debe la Corona. Porque sin la elección de quien podía nombrarle y la aceptación de quienes podían echarle vete a saber lo que hoy seríamos y no somos.
    En relación al tema que nos ocupa, manifiesto que el Rey no debió pedir perdón por lo que fue un viaje privado al que tiene derecho. Un viaje privado al que tiene derecho sin que por ello nadie pueda decir que abandonó sus obligaciones. Un viaje privado al que tiene derecho con el inoportuno traspié, que nos puede pasar a todos. Un viaje privado al que tiene derecho que en nada denota frivolidad, salvo en matar a un elefante. Por eso la cuestión es saber quién o quiénes obligaron al Rey a pedir perdón, reconocer que se había equivocado y conminarle a decir que no volvería a ocurrir lo que, por otra parte, viene ocurriendo desde el principio de su reinado; esto es, que el rey viaja privadamente de vez en cuando, como hacemos todos, que caza, como hacen algunos, y que algunas veces se cae, como también suele pasarnos al resto. Todo dentro de lo normal y de lo que se sabía.
    Por eso la cuestión ha desvelado muchos intereses ocultos y ha destapado a muchas personas en la sombra representadas por el mismo abogado, Javier Gómez de Liaño ("¡Majestad, por España!", El Mundo, 24 de abril de 2012).
    Personas que se han manifestado no tanto porque el Rey rectifique sino para proyectar al Príncipe del que "sabemos -dicen- de la solidez de su pensamiento y de su serenidad de criterio". Aludiendo a sondeos de opinión inexistentes a favor de un posible recambio en la jefatura del Estado, que oportunamente ponen en relación con una segunda transición, como acuerdo que hoy reclaman muchos ante la debacle del sistema. Incluso, proponiendo abiertamente la abdicación del Rey, quiera o no quiera... "a la sucesión del Rey no debe dársele mayores largas".
    Con todo, se equivocan quienes tratando de arrimar el ascua a su sardina son capaces hasta de utilizar las mismas palabras que pronunció don Juan de Borbón, padre del Rey, en el acto protocolario, sin más sentido que el sentimental, de trasmitir a su hijo los derechos de sucesión... "¡Majestad, por España! ¡Todo por España!". Y digo que se equivocan respecto al Príncipe, porque don Juan, su abuelo, como fue el parecer de sus padres, también hubiera considera un error, un tremendo error su boda con la señorita Leticia Ortiz Rocasolano por múltiples, evidentes y sobradas razones: divorciada, con un pasado más que suficiente para ser reina, de clase baja, agnóstica y antimonárquica.
    Como dijo el propio Príncipe don Felipe en la entrega del Premio Cervantes al poeta chileno Nicanor Parra, esto es mucho más que una provocación. Es ciertamente una ruptura. Estoy completamente de acuerdo.

    

No hay comentarios:

Publicar un comentario