Qué o quiénes y por qué se humilló al Rey
Hoy las reticencias las tienen los
comunistas, que como les pasaba a los otros también creen en la revolución
pendiente, aunque éstos sin otra razón que la lucha de clases, pura y simple envidia.
Se comprueba cuando prosperan. Fue gracias a Franco y luego a los socialistas a
quienes el Rey debe la Corona. Porque sin la elección de quien podía nombrarle y
la aceptación de quienes podían echarle vete a saber lo que hoy seríamos y no
somos.
En relación al tema que nos ocupa,
manifiesto que el Rey no debió pedir perdón por lo que fue un viaje privado al
que tiene derecho. Un viaje privado al que tiene derecho sin que por ello nadie
pueda decir que abandonó sus obligaciones. Un viaje privado al que tiene
derecho con el inoportuno traspié, que nos puede pasar a todos. Un viaje
privado al que tiene derecho que en nada denota frivolidad, salvo en matar a un
elefante. Por eso la cuestión es saber quién o quiénes obligaron al Rey a pedir
perdón, reconocer que se había equivocado y conminarle a decir que no volvería
a ocurrir lo que, por otra parte, viene ocurriendo desde el principio de su
reinado; esto es, que el rey viaja privadamente de vez en cuando, como hacemos
todos, que caza, como hacen algunos, y que algunas veces se cae, como también
suele pasarnos al resto. Todo dentro de lo normal y de lo que se sabía.
Por eso la cuestión ha desvelado muchos
intereses ocultos y ha destapado a muchas personas en la sombra representadas
por el mismo abogado, Javier Gómez de Liaño ("¡Majestad, por España!", El Mundo, 24 de abril de 2012).
Personas que se han manifestado no tanto porque
el Rey rectifique sino para proyectar al Príncipe del que "sabemos -dicen- de la
solidez de su pensamiento y de su serenidad de criterio".
Aludiendo a sondeos de opinión inexistentes a favor de un posible recambio en
la jefatura del Estado, que oportunamente ponen en relación con una segunda
transición, como acuerdo que hoy reclaman muchos ante la debacle del sistema. Incluso,
proponiendo abiertamente la abdicación del Rey, quiera o no quiera... "a
la sucesión del Rey no debe dársele mayores largas".
Con todo, se equivocan quienes tratando de
arrimar el ascua a su sardina son capaces hasta de utilizar las mismas palabras
que pronunció don Juan de Borbón, padre del Rey, en el acto protocolario, sin
más sentido que el sentimental, de trasmitir a su hijo los derechos de
sucesión... "¡Majestad, por España! ¡Todo por España!". Y digo
que se equivocan respecto al Príncipe, porque don Juan, su abuelo, como fue el
parecer de sus padres, también hubiera considera un error, un tremendo error su
boda con la señorita Leticia Ortiz Rocasolano por múltiples, evidentes y
sobradas razones: divorciada, con un pasado más que suficiente para ser reina,
de clase baja, agnóstica y antimonárquica.
Como dijo el propio Príncipe don Felipe en
la entrega del Premio Cervantes al poeta chileno Nicanor Parra, esto es mucho
más que una provocación. Es ciertamente una ruptura. Estoy completamente de
acuerdo.
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